Inicio Artículos Francois Flores, Fernando Darío (México) EL ORIGEN DEL ESTUDIO DE LOS MIASMAS

EL ORIGEN DEL ESTUDIO DE LOS MIASMAS

 

Fernando D. François Flores

Colegio Médico de Homeopatía de México.

Domicilio del autor: Carlos B. Zetina 57,

Col. Tacubaya. 11870, México, D.F. México.

 

Trabajo presentado en la XXI Asamblea General de Homeopatía de México, A.C.,

el 2 de octubre de 1997.

 

Publicado en Boletín Mexicano de Homeopatía

Vol 30 No 2 Julio-Diciembre 1997

 

 

“Durante los años de 1816 y 1817, he estado ocupado día y noche con el muy grave problema de averiguar porqué todas los medicamentos conocidos por la homeopatía, no proporcionan cura real en las enfermedades bajo discusión y con seguridad, y de ser posible, un discernimiento más claro del verdadero estado de aquellos miles de afectados, que permanecen sin cura de frente a la irreprochable verdad del sistema homeopático de curación.” (1)

 

Estas son las palabras de Hahnemann en la primera parte de su último trabajo médico de considerable importancia "Las Enfermedades Crónicas, su naturaleza peculiar y su tratamiento homeopático" (1ª edición, Arnold, Dresden y Leipzig, 1828; en 4 tomos, 2ª edición, Schaub, Düsseldorf, 1835 a 1839, tomos). Y en la nota a pie de página añade:

 

“Incluso de todas estas indescriptibles labores no dije mucho ni al mundo en general ni a mis estudiantes. Esto no fue acaso debido a que la ingratitud que frecuentemente se me mostraba me limitó... No, no dije ni una palabra de esto, porque es impropio e incluso dañino hablar y escribir de cosas inmaduras. Sólo en el último año he comunicado los principales hechos a dos de mis estudiantes que han dado el más meritorio servicio en favor de la homeopatía. Esto fue por su bien y el de sus pacientes, y para que la totalidad de este conocimiento científico no se perdiera para el mundo en el posible caso de una llamada superior a la eternidad antes de terminar mi libro -lo cual no era improbable a mis setenta y tres años.”(2)

 

Hahnemann no hubiera sido el observador agudo que sabemos que era, si no hubiera notado en el curso de los años con claridad siempre mayor, que a la estructura de su sistema le faltaba la piedra angular. Es verdad que el método homeopático ofreció remedios "mucho más seguros, mucho más convenientes y menos dañinos" que la alopatía para las enfermedades agudas, para enfermedades epidémicas, para fiebres esporádicas, y enfermedades venéreas. Como él mismo afirmó; "Pero el número de las enfermedades tediosas presentes en el ancho mundo era incomparablemente mayor", y a pesar de todos los experimentos homeopáticos aún permanecen sin cura. El tratamiento de dichas enfermedades era, "incluso cuando se llevaba a cabo estrictamente de acuerdo con la teoría de la ciencia homeopática, como se practica hasta la fecha, alentador al principio, menos favorable en la continuación y desesperanzado al final."(3).

 

El punto de partida para esta teoría fue la observación, de que ciertas enfermedades crónicas de origen venéreo, y otras, podrían ser aliviadas por remedios homeopáticos, pero no completamente curadas. Condiciones especiales, tales como errores de dieta, frío, clima húmedo o turbulento, influencias temperamentales, etc., causaron que los problemas rectificados aparentemente volvieran a aparecer, con frecuencia con recientes y pertinaces síntomas. Nuevos remedios, escogidos de la mejor y más cuidadosa manera, fueron de provecho "pero sólo ligera e imperfectamente", por poco tiempo, hasta que el siguiente estallido se presentaba debido a las influencias externas. Por otra parte, bajo condiciones favorables, tales como un cambio de clima y casa, dieta cuidadosa, etc., se observaba una "tregua notoria". Considerando todas estas cosas, sin embargo, el padecimiento crónico nunca era erradicado, sino que se hacía peor año con año, a menudo con los síntomas externos más variados. (2)

 

Al principio se pensaba que la razón del fracaso del tratamiento se debía encontrar en el número insuficiente de remedios homeopáticos probados y que los prospectos cambiarían para bien cuando los medicamentos probados con mayor exactitud estuvieran a disposición del médico. Pero si bien esto fue de algún consuelo para los estudiantes, Hahnemann no podía quedar satisfecho con ello. A diario estaba ocupado con la cuestión del porqué, con los remedios ordinarios seleccionados cuidadosamente, no lograban una cura perdurable. En cuanto a sus primeros encuentros con las enfermedades crónicas refiere:

 

“Uno siempre tenía que enfrentarse con una parte segregada de un mal original más profundo, gran parte del cual se muestra por nuevos síntomas que surgen de tiempo en tiempo... Pero el mal original que se busca debe también ser de naturaleza miasmáticamente crónica, como fue evidente para mí por el hecho de que, una vez que se hubo desarrollado hasta cierto grado de intensidad, no podía ser erradicado por el mero vigor de una constitución robusta. No podía ser vencido por la dieta y el orden más saludable de vida, ni anulado por sí mismo, sino con el curso de los años se hizo peor, con la añadidura de otros síntomas más graves , hasta el fin de la vida.”(1)

 

El descubridor de la homeopatía publicó en 1816 un ensayo titulado “Enseñanza sobre la enfermedad venérea y su tratamiento comúnmente inadecuado”, (4,5)donde ya hace referencia al concepto de la supresión de las manifestaciones externas de la enfermedad, en este caso la sífilis, y de las destructivas consecuencias de este proceder. También hace mención de la supresión de algunos trastornos cutáneos (la sarna de los trabajadores de la lana) que tienen como consecuencia la aparición de síntomas más profundos y severos que la enfermedad original. En ambos casos, el uso de remedios internos homeopáticamente indicados, son la solución y la cura para la enfermedad, y la desaparición de las manifestaciones cutáneas, solo es signo de alivio cuando se ha utilizado el tratamiento adecuado.(6) En este escrito Hahnemann ya esbozaba el conocimiento de lo miasmático, aunque la primera vez que hizo referencia directa a alguien acerca de su teoría de los miasmas fue el 10 de enero de 1823, en una carta al Cónsul General de Prusia, Dr. Friedrich Gotthelf Baumgärtner, donde escribe: (1,4)

 

“Siempre quedarán algunas dolencias sin curar por la homeopatía, los residuos de alguna enfermedad crónica de origen interno. Todo eso ha sido publicado por mí, sobre que el arte de curar homeopático no es suficiente para la cura completa de una gran familia de enfermedades crónicas. Increíblemente más es efectuado por éste en esas viejas enfermedades que por las medicinas prescritas por los alópatas. Incluso en los escritos homeopáticos hasta ahora publicados, aún hace falta la gran piedra angular que ligue todo lo así publicado hasta este momento, de manera que no sólo podamos ser capaces de mejorar el tratamiento de las enfermedades crónicas, sino también de efectuar una cura completa.

 

Me he esforzado día y noche durante los últimos cuatro años para descubrir la piedra angular faltante, y así encontrar los medios de erradicar las viejas enfermedades crónicas. Tanto por medio de miles de experimentos y experiencias, como por medio de meditaciones ininterrumpidas finalmente he alcanzado mi objetivo. Ninguno de mis pupilos conoce aún nada de este invaluable descubrimiento, de tal valía para la humanidad que excede cualquier otra cosa que haya descubierto, y sin lo cual toda la homeopatía existente permanece defectuosa e imperfecta. Aún es enteramente de mi propiedad ; y me permite curar las peores enfermedades crónicas, las cuales no sólo los doctores de la vieja escuela ordinaria han dejado sin curar, eso sería natural, sino también los mejores de entre mis pupilos en homeopatía (ya que, como lo dije antes, si bien el arte homeopático como ha sido publicado por mí hasta la fecha, puede hacer mucho, aun cuando no es suficientemente perfecto como para ser capaz de curar enfermedades crónicas, esto se ha hecho posible por medio de este nuevo descubrimiento, y el resultado de esfuerzos indecibles).”

 

La cuidadosa observación y sus minuciosos conocimentos de medicina llevaron a Hahnemann a identificar el origen de estos trastornos en la supresión de padecimientos tales como erupciones pruriginosas, vegetaciones y flujos gonorréicos, o bubones y chancros sifilíticos. Este fue el punto de partida de la doctrina de las Enfermedades Crónicas o Miasmas (7,8). Hahnemann escogió el nombre de Psora (una expresión común que era ampliamente conocida en la época como término general para una serie completa de problemas de la piel de los tipos más variados ) para definir al miasma engendrado por la supresión de las erupciones pruriginosas, Sycosis para el miasma relacionado con las verrugas y flujos gonorréicos, y Syphilis al miasma provocado por la supresión de la lúes (6,7,8).

 

Dos médicos contemporáneos al sabio de Meissen ya habían identificado también la relación entre las supresiones de las enfermedades de la piel y la pléyade de trastornos crónicos que aparecían a continuación, formulando sus teorías diez años antes de la aparición de las Enfermedades Crónicas. Autenrieth de Tübingen y su famoso estudiante Schölein de Würzburg. Ambos presentaban puntos de coincidencia con Hahnemann, sin embargo, su concepto acerca de la curación era muy diferente, ya que ellos suponían que la eliminación completa de la erupción en definitiva sería suficiente para curar al enfermo (1).

 

Los únicos confidentes del gran secreto del Maestro fueron Wilhem Gustav Gross y Johann Ernst Stapf, quienes trabajaron con él durante años en el estudio de los miasmas (9). La intención inicial de Hahnemann era la de contar con un hospital propio para enseñar a sus discípulos la doctrina miasmática. Desgraciadamente las finanzas de su protector, el Duque Ferdinand de Anhalt Köthen nunca le permitieron iniciar tal empresa. Fue con esa intención que el Maestro escribiera al Cónsul General de Prusia, como él mismo refiere (1):

 

“Pero este conocimiento ahora finalmente alcanzado, es tan noble que puedo impartirlo a los jóvenes médicos de manera práctica en presencia de los pacientes, en algún establecimiento clínico, mediante sus propias observaciones. Con ese fin debo hacer esto antes de mi muerte, le imploré a nuestro duque que estableciera un hospital para ese propósito. Le pareció aceptable, pero veo claramente que no obstante sus aparentes deseos de hacerlo, no se llegará a nada. Aún no tenemos hospital público en Köthen.

 

Si no se va a hacer nada al respecto aquí, según veo que no se hará, sería más agradable para mí, tener dicho establecimiento en un lugar más grande...

 

... Lo hago confidente de esta importante confesión, se no le dirá a nadie en Leipzig, y le ruego, mi querido amigo, pues estoy convencido de que lo hará, usted cuyo corazón está deseoso del bienestar de la humanidad, que haga el mejor uso de ello.”

 

Como la historia lo demuestra el proyecto del hospital escuela, para enseñar la práctica de la homeopatía quedó en un sueño (10).

Intuyendo la trascendencia de su descubimiento, Hahnemann escribió a Stapf el 6 de septiembre de 1827 (1):

 

“Querido doctor:

Su impaciente vehemencia es sin duda debida a su loable deseo de conocimiento, pero debe ser considerado como un ligero error de su parte, por aquél a quien le atañe. Sólo he escrito una copia en limpio de los síntomas de los antipsóricos, y se utiliza diariamente: por consiguiente es imposible para mí comunicársela. Usted no puede hablar en serio cuando espera que le prescriba un tratamiento para los nombres patológicos que menciona. Pero si alguna vez me comunicara los síntomas de la enfermedad, entonces, si mi limitado tiempo y mis fuerzas vitales restantes me lo permitieran, sería feliz en informarle. Debe estar agradecido por empezar a entender que usted necesita considerar que las Enfermedades Crónicas no son paradojas o fenómenos inexplicables, la naturaleza de los cuales está oculta en la oscuridad impenetrable. Usted posee ahora la solución del enigma del porqué ni la Nux-v, ni la Puls, ni la Ignat, etc., podrán o pueden ser buenas, mientras el principio homeopático permanezca inalterado. Conoce los remedios valiosos, y puede emplearlos empíricamente al menos, pues usted sabe en que dosis darlos. Sólo imagine qué arduo ha sido para mí sacrificarme con el fin de llevar al cabo estas investigaciones, para su beneficio y el del mundo médico entero. No puedo hacer más hasta que mi libro aparezca, y aún se requiere gran cantidad de trabajo, lo cual es casi demasiado para mis fuerzas vitales. Por consiguiente, sea razonable, y haga lo que pueda con sus antipsóricos. Incluso después de que los tuve no sabía al principio lo que harían.

 

Usted puede mientras los usa, hacer excelentes observaciones sobre sus efectos peculiares y obtener mucho conocimiento, como también de las muchas curas espléndidas que usted podrá realizar con ellas. Tiene sólo seis u ocho medicamentos entre los cuales escoger, y no la Materia Médica completa.

 

Usted y Gross son los únicos a quienes yo he revelado este asunto. ¡Sólo piense que para empezar le lleva ventaja a todos los demás médicos en el mundo! Al menos un año transcurrirá antes de que los demás tengan mi libro; entonces necesitarán más de seis meses para recuperarse de la impresión y el asombro de lo monstruoso y inaudito del asunto, tal vez otros seis meses antes de que ellos lo crean, y los acontecimientos para que se provean de los medicamentos, y no podrán obtener los remedios correctas a menos de que las preparen ellos mismos. Así pues es dudoso si aceptarán la pequeñez de las dosis, y esperarán el largo intervalo que deben permitir para que cada dosis actúe. Por tanto tres años a partir de ahora transcurrirán antes de que puedan hacer algo útil con ello. Por consiguiente tenga paciencia conmigo, si aún no puedo poner mi libro en sus manos, y trate y haga todo lo que pueda con lo que sabe y tiene.”

 

Monstruoso e inaudito fue exactamente lo que sucedió cuando el libro fue publicado. Tanto en la esfera alopática como entre los mismos homeópatas, el rechazo y la crítica fueron las expresiones más frecuentes. El mismo Barón Ernst von Brunnow, gran amigo del Maestro, que había traducido el “Organon” al francés, a quién Hahnemann dedicó el primer tomo de “Las Enfermedades Crónicas” escribió: (3)

 

“El completo aislamiento de Hahnemann de los médicos con diferentes opiniones y la lealtad casi incondicional hasta ahora y veneración de la mayor parte de sus seguidores son probablemente los factores principales responsables de la manera en que este hombre de genio llevó sus teorías a los extremos. ... Esto fue más obvio en su trabajo en "Enfermedades Crónicas", donde declaró la Psora como la única fuente de todas las Enfermedades Crónicas con la sola excepción de la Syphilis y la Sycosis y para las cuales procedió a disminuir la dosis medicinal hasta un grado hasta ahora desconocido.”

 

Ni que decir de las críticas de los acérrimos enemigos de la homeopatía y de Hahnemann. Sólo unos cuantos permanecieron fieles, practicando la doctrina miasmática.(1,10,11) Las opiniones de este selecto grupo fueron muy diferentes:

 

De acuerdo con Stapf el libro sobre "Enfermedades Crónicas", da explicaciones sorprendentes sobre la naturaleza y tratamiento de los padecimientos crónicos. La homeopatía está a unos pasos más cerca de cumplir estos. Stapf incluso hubiera querido fechar a partir de ahí una nueva era en la historia de la homeopatía. La primera condición para obtener resultados es por supuesto adherirse estrictamente a las prescripciones de Hahnemann, toda desviación "con toda seguridad" lo castigaría; ya que Hahnemann enseña aquí una "ley exactamente reconocida y manifiesta de la naturaleza".

 

Que Bönninghausen tomó esta enseñanza del Maestro con entusiasmo es necesario mencionarlo rigurosamente. Hahnemann le había hablado muy abiertamente durante el tiempo que siguió a la publicación, sobre todos los puntos que lo afectaron, y Bönninghausen, pocos años después, publicó un repertorio especial exclusivamente sobre remedios antipsóricos.(1)

 

Entre los más fieles partidarios de la teoría de la Psora se encuentra Constantino Hering. Poco tiempo después de la publicación de la primera edición de "Enfermedades Crónicas" escribió a Hahnemann de Paramarimbo, en la Guayana Holandesa en mayo de 1829, en ocasión del 50 Jubileo Doctoral del Maestro.(12)

 

“La lepra ahora ha sido vencida. realmente veo las pruebas más extraordinarias de ello. Los remedios antipsóricos, en las dosis más pequeñas, vencen a este monstruo el cual ha sido invencible durante largo tiempo. Sólo desde hace cuatro meses he sido capaz de emplear estos remedios para ello, y ya he obtenido resultados brillantes, en todos los pacientes. No hay una solo paciente con lepra que no haya mejorado, muchos ya están muy cerca de estar completamente curados.”

 

En el año 1828 "Las Enfermedades Crónicas” de Hahnemann apareció impreso. Después de su publicación el autor estuvo ocupado recopilando un repertorio de los remedios antipsóricos contenidos en este trabajo, el cual comprende cuatro volúmenes. Buscó colaboradores entre sus amigos y pupilos; y escribió las siguientes cartas al Dr. Schweikert:

 

“ Querido colega:

El Dr. Rummel me ha dado esperanzas de que usted pudiera ser tan gentil como para ayudarme con la compilación de un repertorio alfabético de los remedios antipsóricos. Los honorarios serán entonces compartidos de manera amistosa entre nosotros. El libro debe ser impreso en el tipo más pequeño posible, así que no se debe ser muy voluminoso. Por la misma razón, debemos tener cuidado al escoger sólo palabras que expresen conceptos de valor, para utilizarlas como guías para nuestros síntomas invertidos; de tal manera que de cualquier forma que sea volteada la frase por nuestra sintaxis alemana , aún conservará el mismo significado que tuvo originalmente e incluso que sea omitida cada palabra que no sea necesaria.

 

Todos los síntomas deben ser escritos de tal forma que (por cuadruplicado y sólo por un lado) pueda separar cada uno cortándolo y pegándolo en orden alfabético para la impresión. Debe también ser escrito de manera que sólo la primera línea sobresalga mientras las demás quedan sangradas por una sílaba. Me tomé la libertad de asignarle el Fósforo (Calcárea, Sulphur, Silícea, Sepia y Lycopodio ya han sido probados) y mostrarle la elaboración de algunos síntomas en el adjunto. Espero que ésto pueda contar con su aprobación.

 

Quedo, con las más cordiales intenciones. Atentamente suyo.

 

Samuel Hahnemann”

 

El repertorio proyectado nunca apreció publicado. El Dr. Ernst Ferdinand Rückert, quien desde septiembre de 1829 hasta Pascua Florida de 1830, fue huésped de Hahnemann, utilizó el trabajo preliminar de Jahr, Rummel, Schweikert, etc., y completó el libro de referencia de cerca de 1 500 páginas de manera excelente y fácil de consultar. Desgraciadamente este libro nunca vió la luz, actualmente se encuentra en el museo de la fundación Robert Bosch, en Stuttgart, ya que por su costo de impresión, el editor de Hahnemann, nunca accedió a publicarlo.(1)

 

En 1829 apareció la cuarta edición del “Organon”, con 292 parágrafos y radicales diferencias en su contenido en relación con las 3 ediciones anteriores. Huelga decir que la inclusión de lo miasmático fue de lo más trascendente, así como el uso de las potencias infinitesimales, imponderables. El uso de potencias tales como la denominada por el Maestro decillonésima (X) (13), actualmente llamada 30 ch fue tan controversial como la misma doctrina de los miasmas crónicos (10,11). En 1833 vió la luz quinta edición, última que vería publicada el sabio de Meissen. En los 294 parágrafos que contiene hubo profundas modificaciones tanto en lo referente a lo miasmático como en la preparación y dosificación de los remedios homeopáticos. También desarrolló más ampliamente los conceptos acerca del magnetismo animal, desarrollado por su compatriota Franz Anton Mesmer, que inicialmente mencionara en el § 319 de la tercera edición del “Organon”, y que en ésta se encuentran en el § 293 y § 294 (10,11). En ese año surgió por parte de Arnold, el editor, la intención de publicar una segunda edición de las “Enfermedaes Cronicas”, no obstante que la primera fue un verdadero fracaso, según el mismo Arnold, quién escribió:

 

...“En suma siempre estaré preparado para restituirle la publicación, con tal de ser suficientemente recompensado por las 800 copias de la primera edición, que ha sido vendida como papel de desecho... Estaré feliz de renunciar a las posibles ganancias sobre la segunda edición, si sólo puedo obtener el costo de impresión y el pago por la primera parte.”

 

Hahnemann accedió en primera instancia a la nueva publicación de su obra y le envió a su editor los manuscritos. (1) Sin embargo, pasaron cerca de 10 meses sin que Arnold diera señales de vida, Hahnemann, profundamente afligido y contrariado, en diciembre de 1834 escribió a su yerno, el Dr. Wolf de Leipzig:

 

“ A mi yerno, Dr. J. H. Wolff

 

Querido hijo:

Te mando con la presente poder absoluto para pedir en mi nombre mi manuscrito de la primera parte de las “Enfermedades Crónicas”, al Sr. Arnold, editor, a menos que él pueda probarte dándote algunas pruebas de imprenta, que la primera parte ya está impresa o casi.

 

Tu legítimo padre; Samuel Hahnemann

 

La polémica acerca de la segunda edición del libro llegó a oídos de los discípulos de Hahnemann, uno de ellos opinó:

 

“La conducta del editor Arnold es muy fastidiosa, y lo más lamentable, aparte del detrimento para el público, es el insulto que además se le hace. Todos los editores tienen esto en común, que están solo para enriquecerse a costas de lo aprendido, y probablemente son muy pocos quienes van honestamente a trabajar. Si por tanto su contrato por escrito con Arnold lo permite, si yo fuera usted, yo lo dejaría, y no haría un duro sacrificio de piedad por una persona desagradecida, y además el mundo no se lo agradecería. Todos sus verdaderos pupilos y seguidores no pueden desear nada más ardientemente que saber el fin que el arte de sanar le adeuda; y cuántas vidas humanas se pueden perder si ésto se demora más de la cuenta. Por tanto en este caso, venerable Hofrath, no deje que su bondadoso corazón tenga el control de la situación y demuestre compasión en lugar de exigir sus derechos.

 

C. von Bönninghausen”

 

A fin de cuentas Arnold publicó solo los 2 primeros volúmenes de la obra, obligado por la amenaza de una demanda legal. El resto del libro fue publicado por J. F. Schaub de Düssseldorf, iniciando la edición de 1,500 ejemplares de los 4 volúmenes restantes en 1837, cuando el Maestro residía ya en París. Al respecto el editor escribió:

 

“...La edición comprende 1500 copias y supongo que los trabajos del Maestro se venderían mejor que los de los pupilos; desafortunadamente me he decepcionado enormemente de esta conjetura. ¿Cuál es la razón de este interés menguado de los homeópatas en esta nueva edición? Tal vez no se molestará conmigo, Señor, si le digo con toda franqueza lo que he escuchado. Dicen que la razón principal es el progreso del sistema homeopático en sí mismo, y que muchos de sus antiguos pupilos han avanzado mientras que usted ha mantenido fiel al viejo sistema y así sucesivamente. Yo, como una persona lega no puedo juzgar eso, como el editor, sólo puedo decir que este artículo no se vende.”

 

Finalmente, Schaub corrió con la misma suerte que Arnold, con una enorme pérdida en la edición del libro. Estas fueron las 2 únicas ediciones en Alemania, sin embargo, en el extranjero tuvo mejor suerte. En Francia fue traducida la primera edición por Jourdan en 1832 y publicada en París, posteriormente existieron otras 2 ediciones más. En el Reino Unido Geddes M. Scott de Glasgow publicó una traducción al inglés en 1842. Una edición en español fue publicada en 1849. En Estados Unidos fueron publicadas 2 ediciones, una en 1846 por Hempel y otra en 1894 por L.H. Tafel.(1,5)

 

El hecho que Hahnemann fuera a vivir a París en el año de 1835 fue enormemente trascendente en lo que se refiere a su labor científica. (3,4,5,13) Como fué evidente después del fracaso comercial de las “Enfermedades Crónicas” no hubo ya editor en Alemania interesado en publicar obras de Samuel Hahnemann. La sexta edición del “Organon”, ya lista desde 1842 no pudo ser editada debido a que el sabio de Meissen necesitaba tener una edición francesa lista para publicarse junto con la de su idioma original, de hecho confió el trabajo a un traductor que no pudo llevarlo a cabo. La muerte lo sorprendió sin que pudiera detallar su preciado legado para la humanidad.

 

Hahnemann dejó apenas esbozada la Doctrina Miasmática, y no se debe perder de vista la gran confusión y problemática que rodeó la segunda edición de las “Enfermedades Crónicas”. El hecho de que la Sexta Edición del “Organon” apareciera hasta 1921 significó que las últimas observaciones de Hahnemann fueran conocidas hasta mucho tiempo después (3,7,8). La aparente contradicción en cuanto a varios aspectos de lo miasmático se explica en cuanto a que Hahnemann escribió los 2 primeros tomos de la segunda edición de las “Enfermedades Crónicas “ en 1834, y la sexta edición del “Organon” en 1842, cuando ya tenía una visión más completa y experimentada acerca de la Doctrina de los Miasmas Crónicos (3,7). Finalmente, solo el apego fiel a sus enseñanzas nos permitirá cumplir con la única y elevada misión del médico, devolver la salud a los enfermos, que es lo que se llama curar.

 

 

REFERENCIAS.-

 

1.- Haehl, Richard. "Samuel Hahnemann, his Life and Work " B. Jain Publishers. New Delhi. India. 1983.

 

2.- Hahnemann, Samuel. "Doctrina y Tratamiento Homeopático de las En­fermedades Crónicas". Traducción al español por el Dr. Eulalio Darío Flores. Propulsora de Homeopatía S. A. 1941.

 

3.- Hahnemann, Samuel. Die cronischen Krankheiten, ihre eigenthümliche Natur und homöopatische Heilung Karl F. Haug Verlag. Ulm / Donau. 1966.

 

4.- Bradford, Thomas Lindsey. The Life and letters of Samuel Hahnemann”. B. Jain Publishers LTD. 1992

 

5.- Hahnemann, Samuel. Escritos Médicos Menores. Traducción al español del original alemán por Fernando D. François Flores. B. Jain Publishers LTD. New Delhi, India . 1996.

 

6.- Dudgeon, R. E. The lesser writings of Samuel Hahnemann. B. Jain Publishers LTD. New Delhi. India. 1990.

 

7.- Hahnemann, Samuel. Organon der Heilkunst. Letzte und 6. Auflage. Haug Verlag. Berg am Starnberger See. 1985

 

8.- Hahnemann Samuel. Organon de la Medicina. Editorial Albatros. Buenos Aires, Argentina.

 

9.-Rodrigues Galhardo, José Emygdio. Hahnemann, su vida y su obra. Traducción al español del Dr. Eliud García Treviño. México. 1943.

 

10.- Ritter, Hans. Samuel Hahnemann, Begründer der Homöopathie. Sein Leben und Werk in neuer Sicht. Haug Verlag. Heidelberg. 1986.

 

11- Gumpert, Martin. Hahnemann, Die abenteuerlichen Schicksale eines ärzlichen Rebellen und seiner Lehre, der Homöopathie. Aurum Verlag. Freiburg im Bresigau. 1989

 

12.- Hahnemann, Samuel. Kleine medizinische Schriften. Unvertänderter Nachdruck der Erstausgabe. Karl F. Haug Verlag. Heidelberg. Bundesrepublik Deutschland. 1971.

 

13.- Hahnemann, Samuel. Algunos Escritos Médicos de Samuel Hahnemann (1792-1843)” Recopilación y traducción por Fernando D. François Flores. Quito 1998. En prensa.

Actualizado (Miércoles, 02 de Junio de 2010 09:24)

 
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